La alergia alimentaria (AA) es una condición común que afecta a niños y adultos en todo el mundo. Es una reacción adversa a un tipo de alimento o alimentos que se caracteriza por la aparición aguda de urticaria, hinchazón, dificultad para respirar y/o vómitos después del consumo de un alimento específico y está mediada por inmunoglobulina E (IgE) específica de alimentos y respuestas inmunitarias tipo 2, llamada también hipersensibilidad tipo II que es una reacción mediada por anticuerpos IgG o IgM que se unen a antígenos en la superficie de las propias células o tejidos, causando su daño o destrucción por activación del complemento o células efectoras. La prevalencia de AA en la población infantil está en aumento, afectando a casi el 8 % de los niños. Es la causa más común de anafilaxia en niños, con visitas a urgencias relacionadas con esta reacción que han aumentado más del 200 % en la última década. Esta reacción anormal del sistema inmunitario compromete gravemente la calidad de vida de los niños afectados, su familia y cuidadores. Personas de todas las razas se ven afectadas por la AA, pero se observan diferencias importantes entre las poblaciones étnicas en términos de desencadenantes de la alergia alimentaria, presentación y gravedad. Algunos grupos étnicos son más propensos a ciertas alergias alimentarias que otros.
La AA es una enfermedad compleja, multisistémica y multifactorial. La cantidad de evidencia clínica y de investigación respalda que el diagnóstico, la monitorización y el manejo de las enfermedades alérgicas requieren un enfoque personalizado. A medida que la tecnología avanza, también lo hace el conocimiento de la comunidad científica sobre esta condición compleja y en las últimas décadas se han logrado avances notables en la identificación de la fisiopatología de la AA mediada por IgE. Sin embargo, se necesitan mayores esfuerzos para caracterizar fenotipos distintos, dilucidar los mecanismos subyacentes e identificar biomarcadores asociados con el fenotipo clínico de esta patología. Se le han asociado los polimorfismos en genes que codifican para diversas citocinas inflamatorias y antiinflamatorias. Estos incluyen IL-10, IL-13, TGFb e IL28B. Los polimorfismos en IL-10 también se han asociado con los niveles séricos de IL-10 en niños y adultos alérgicos a alimentos, diagnosticados con base en la historia clínica con exposición a un alimento específico y evidencia de sensibilización al alimento implicado.
La sensibilización a los antígenos alimentarios puede ocurrir en el tracto gastrointestinal, la cavidad oral, la piel, y ocasionalmente en el tracto respiratorio. Después de la ingestión, la gran mayoría de las proteínas alimentarias se descomponen principalmente por el ácido gástrico y las enzimas digestivas en el estómago y el intestino. Posteriormente, las proteínas y péptidos alimentarios intactos restantes son transportados desde la luz hacia la mucosa a través de las células epiteliales intestinales (ECs) y por células especializadas llamadas células M que se localizan sobre las placas de Peyer.
Diferentes estudios han demostrado que la interacción directa de antígenos/alérgenos ingeridos puede ocurrir cuando las células dendríticas (DCs) de la mucosa extienden dendritas hacia el lumen intestinal. En la mucosa, las DCs internalizan y procesan estas proteínas y péptidos y se desplazan a las áreas de células T de los ganglios linfáticos drenantes, donde las (DCs) pueden interactuar con células T naïve y presentar antígeno en el contexto de moléculas MHC clase II. La activación de diferentes subtipos de DCs y la expresión de moléculas coestimuladoras son importantes para determinar la respuesta inmune subsecuente. Por ejemplo, la interacción entre CD28, que está presente en las células T, con CD80 y CD86, que se expresan en las DCs, induce la activación de las células T, mientras que la interacción de CD80 y CD86 con la proteína asociada a linfocitos T citotóxicos presente en las células T regula a la baja la activación de las células T. Varios factores desempeñan un papel en el desarrollo de la polarización de la respuesta TH2. La IL-4 secretada por las células linfoides innatas (ILCs), los basófilos y las células T asesinas naturales la transforma en uno de los actores principales en el desarrollo posterior de las respuestas inmunitarias de tipo 2 y subsecuente activación de todos los síntomas que presentan los pacientes con este padecimiento.
Otro factor que es importante tener en cuenta es la interacción de la microbiota intestinal de estos pacientes. El equilibrio entre la tolerancia inmunológica y la inflamación, está regulado en parte por la comunicación entre las células inmunitarias innatas adaptativas y la microbiota intestinal. Variedad de estudios proporcionan asociaciones claras entre la composición y la actividad metabólica de la microbiota bacteriana con desarrollo de enfermedades alérgicas y vías tolerogénicas protectoras. Algunos ejemplos de esto lo constituyen estudios realizados en niños con alergia a la leche los cuales han mostrado que los bebés con esta condición tienen una microbiota alterada e investigaciones adicionales mostraron que los Firmicutes, incluidas las especies de Clostridium, estaban enriquecidos en el microbioma intestinal de los lactantes cuyos casos de alergia a la leche se resolvieron antes de los 8 años de edad y, en pacientes con alergia al maní o frutos secos, se observó una menor riqueza microbiana y una mayor abundancia de especies de Bacteroides en comparación con sujetos de control no alérgicos.
Las herramientas de diagnóstico de laboratorio para alergias se centran en la medición de niveles de IgE específica total y por alérgeno y pruebas cutáneas para detectar anticuerpos IgE o reacciones inmediatas, complementando la historia clínica para identificar alérgenos en alimentos, polen, animales, medicamentos, etc.
El rápido aumento de la prevalencia de AA en los últimos 30 años sostiene que la genética por sí sola no puede explicar este fenómeno y que las influencias ambientales son críticas. Cabe destacar que las influencias ambientales median sus efectos a través de mecanismos epigenómicos que afectan la accesibilidad de los genes endógenos, así como la colonización microbiana y su funcionamiento.
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